El Origen: La muerte del otro (también nos mató a nosotros)

Por: Gabriela Monroy Calva


México-Tenochtitlan a 30 de junio del 2017. El individualismo feroz en el que vivimos ha matado al otro, está matando a los otros, a los demás y a nosotros mismos. Los demás ya no existen en nuestro territorio, no nos interesa su suerte, no nos conmueve su sufrimiento. De la Patagonia hasta Alaska estamos congelados e inmóviles pensado que sólo hay que ocuparnos de nuestro destino: todo lo demás y todos los demás son irrelevantes, sustituibles. Tenemos ya clichés para asegurarnos de que nadie extrañe demasiado al o los que se van…Incluso consideramos que dios o los dioses nos conducen a la pérdida porque “todo pasa por algo” –y esto lo declaramos con absoluta certeza y nos curamos en salud -.

Los actos de violencia los vemos lejanos, los sentimos lejanos. Las noticias sobre adultos torturando a un niño de 4 años al que confinaron a un sótano negro y húmedo, al que amarraron con cadenas, golpearon con los puños, alimentaron ocasionalmente son como de “mentiritas” porque no nos tocan y si nos mueven las emociones nos apuramos a “normalizarnos” lo antes posible… “No hay que ser negativos”; “sólo te fijas en lo malo”, “eres conflictivo”, “el cambio empieza por uno”… y, en ese saco de inoportunos que nos dan malas noticias y nos hacen levantar unos segundos los ojos del iPad o el teléfono inteligente ya colocamos a los periodistas, a los defensores de los derechos humanos, a los idealistas que se apresuran a manifestar que sí hay que exigir respeto y honradez a quienes nos gobiernan, a las víctimas de cualquier tipo de violencia sean mujeres u hombres, a los desaparecidos.

Los noticieros ya no cumplen la función de crear consciencia, de ser un poder objetivo que informa y devela la verdad. Primero, porque los noticieros cumplen una nueva función nunca antes prevista: la de hacernos sentir en control frente a la realidad. Ilusamente pensamos que si sabemos lo que acontece podremos estar inmunes ante lo que sucede y segundo, porque saber la verdad ya no hace ninguna diferencia en el comportamiento social de las masas individualistas.

Sin embargo, todo esta construcción fruto del individualismo feroz, patológico y estúpido en el que estamos aislados y encarcelados por propia voluntad, es frágil y sin sentido. Cada vez nos sentimos con mayor necesidad de bloquearnos frente al contexto y nos colocamos los audífonos para no escuchar y nos sumergimos en las pantallas para no ver y nos sentimos agitados y angustiados ante las relaciones no virtuales y nos sentimos más solos y más angustiados y deprimidos o simplemente tenemos esa sensación permanente de vacío y la certeza de que algo nos falta y eso que nos falta lo queremos llenar comprando, usando marcas, teniendo sexo compulsivamente, desarrollando adicciones pero el malestar únicamente se aminora momentáneamente (Ver:* https://www.reeditor.com/columna/7500/24/psicologia/indiferencia/e/individualismo)

La Organización Mundial de la Salud considera que actualmente existen más de 300 millones de personas deprimidas en el mundo y puntualiza que es la depresión la causa de discapacidad más importante del planeta. (Ver:* http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs369/es/) Son muchos los deprimidos, es cierto, pero qué sucede con los que no están deprimidos o padeciendo una enfermedad mental pero creen que la vida es un viaje individual cuyo propósito es encontrar la felicidad como si se tratara de un tesoro enterrado que simplemente, hay que hallar.

La vacuidad de la vida nos está arrancando las entrañas. Las relaciones entre parejas heterosexuales y homosexuales se diluyen en un abrir y cerrar de ojos…, al fin y al cabo nadie es indispensable, nos decimos (Tampoco nosotros lo somos). Nada ni nadie merece que uno se limite, se sacrifique, se ponga en segundo término. Y ciertamente no propongo que volvamos a los esquemas sociales del siglo XX o de la Edad Media, pero sí creo que tenemos que parar este carro ya, antes de que nos despeñemos todos dando un alarido y tomar aliento para plantearnos a dónde vamos y si es ahí a dónde queremos ir.

Los desaparecidos en América Latina se cuentan por miles. Los asesinatos de periodistas y activistas ya superó el calificativo de escandaloso. Estamos nutriendo el odio, el rencor, la psicosis y los niños y los jóvenes están respondiendo con hostilidad a la hostilidad, por decir lo menos.

La vida es una experiencia grupal: nos definimos de acuerdo a las relaciones y roles que interpretamos. Somos seres que formamos parte de una colectividad y no nos engañemos entonces: la familia tradicional no es el escudo que nos va a proteger y a salvar de este caos porque la familia sea tradicional o no está herida de frialdad e inmersa en una colectividad mayor que también está gravemente enferma. La enfermedad se debe a un espejismo llamado individualismo.

Nuestra suerte, es la suerte de muchos. Nosotros estamos conectados con otros por vasos comunicantes que apenas percibimos pero también estamos conectados por arterias poderosas que sí vemos y es la re-conexión, la “sinapsis” entre los individuos lo que nos devolverá a la sabiduría colectiva.

Tenemos toda la tecnología para volvernos a integrar como comunidad humana. Nunca se tuvieron tantas herramientas para acercarnos y comunicarnos. Nosotros decidimos entonces, si los demás no deben importar y si nosotros debemos importarle a los otros.

 

Para comentarios, críticas y sugerencias escriban a: palabraenblanco2013@gmail.com

Facebook: https://www.facebook.com/Palabraenblanco/

Comments

comments

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*



*