El Origen: Democracia adormilada Parte 2

Por: Gabriela Monroy Calva


México es una simulación de democracia, es en la simulación de sociedad”.

Eduardo Buscaglia,

Presidente del Instituto de Acción Ciudadana

 

México-Tenochtitlan a 27 de mayo del 2017. Muchas de las encuestas señalan a la candidata de Morena, el partido de López Obrador, como ganadora de las elecciones del estado de México (Ver*http://www.eluniversal.com.mx/articulo/metropoli/edomex/2017/04/27/muestran-encuestaspelea-entre-dos-en-edomex). Otras encuestas señalan a López Obrador a la cabeza de las preferencias para las elecciones presidenciales del 2018. Cabe señalar que es la tercera vez que Manual Andrés López Obrador va a ser candidato a la presidencia de la república.

En pocos días el Instituto Nacional Electoral (INE) pero sobre todo, la sociedad mexicana, serán puestos a prueba en la votación del gobernador del estado de México. Por todos lados se denuncian prácticas sucias y corruptas del PRI orientadas a torcer la voluntad popular y “ganar”, cueste lo que cueste las elecciones del estado de México con su candidato Alfredo del Mazo, primo del actual presidente de la república y miembro de lo que se denomina “El Grupo Atlacomulco” que en pocas palabras es una entidad oscura que realiza todo tipo de actos deshonestos y que cuida únicamente de sus propios intereses y no de los de la nación. López Obrador expone y desmantela las corruptelas, acompaña a Delfina en su campaña, da declaraciones y se mueve, a su estilo confrontador, para que su candidata ocupe el puesto de gobernadora del estado de México. Hay efervescencia en los medios políticos y hay sumisión, una vez más, sumisión en la población: la mayoría declara que espera que el PRI haga fraude en estas elecciones también. Y sí, la mayoría de los votantes del estado de México esperan pasivos, sentados, resignados, tal como parecen vivir sus vidas.

¿Con una ciudadanía expectante y pasiva qué puede hacer un opositor u opositora a la maquinaria de poder que rige en México? ¿Dónde están las necesitadas alianzas entre partidos, institutos de toda índole, intelectuales, artistas para enfrentar a los maquinadores? ¿Vamos a llegar, otra vez, indefensos al 2018?

No sé si me enfurece o me lastima el leer en las redes sociales los memes o posteos que encumbran a diversos personajes de la política mexicana como si fueran estampas de santos católicos. Creo que siento furia y tristeza al mismo tiempo cuando constato por enésima vez que la mayoría de los mexicanos coloca el cambio y la mejora de México en alguien que no sean ellos, en alguien “afuera” de ellos mismos. Esta postura inmadura, irresponsable y estúpida es el caldo de cultivo para crear partidos monstruosos, personas corruptas, decepciones garantizadas.

Como mencionaba en mi anterior columna, y primera parte de este tema, las expectativas pueden ser la medida de la decepción y López Obrador ha construido unas expectativas tan altas que aun ganando la presidencia de México no está en posición de satisfacerlas sin la participación y compromiso ciudadanos. Esto es desgarrador y preocupante porque los dueños de México no sólo no van a soltar al país gustosamente cuando “concentran el 64 % de los ingresos” (Ver *http://expansion.mx/mi-dinero/2014/10/16/mexico-entre-los-paises-con-mayor-concentracion-de-riqueza) Los políticos que actúan como empleados de estos ricos tampoco están dispuestos a soltar el poder porque ocupan puestos públicos que los enriquecen brutalmente (OHL, Odebrecht son algunas de las empresas que han ganado carretadas de dinero gracias a los políticos vendepatrias) así que van a pelear por malograr las votaciones de 2018 y si llegaran a perderlas y ganara López Obrador, harán todo lo que esté en sus manos y sus billeteras para malograr el ejercicio del poder de este señor.

Mucho está en juego hoy pero ni López Obrador ni ningún otro candidato o político en el poder, puede transformar México sin la acción decidida, valerosa e inteligente de la sociedad civil mexicana: la gran ausente de la democracia en este país de adormilados.

Y seis años, que es el tiempo que dura la presidencia en México, podrían ser suficientes para desmantelar algunas complicidades y mejorar sustancialmente al país, si existe la participación de amplios sectores de la población pero, seis años apenas alcanzarían para sentar las bases que permitieran surgir una ciudadanía responsable y participativa que se ocupe de mantener a México en la senda del desarrollo sostenible y, -esa senda exige una repartición de la riqueza más equitativa y una educación de calidad -.

El salvador de México no es un líder, no es un candidato a presidente, no es un presidente: o la mayoría despierta y actúa antes de que sea demasiado tarde o este país no tiene futuro. Porque el futuro no existe sino se planea. El futuro no es el tiempo por venir.

Fuentes:
La Jornada: 2018 La humillante derrota del
PRI

Una encuesta de Presidencia da ventaja a AMLO… y Peña pide no optar por “lo fácil”

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