El Origen: Lo que sí se puede hacer

Por: Gabriela Monroy Calva


“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en la que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían la servidumbre”

Aldous Huxley

México-Tenochtitlan a 16 de agosto del 2017. Dicen los especialistas de la salud mental, que el aburrimiento es la enfermedad mental del siglo XXI. El psiquiatra Javier Lacruz puntualiza: “La gente se aburre absolutamente y ante el miedo de aburrirse, necesita ver programas de televisión inmundos, incluso sádicos, y entra en lo que decíamos de etiquetar, de los libros de autoayuda o de aforismos… La gente se aprende unos fraseos, del tipo ‘cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro’. Son unos aforismos homeopáticos, patéticos y ridículos, que delatan una idiocia galopante y una indigencia intelectual masiva. Esto procede de la falta de educación y de cultura en la sociedad”. Y entonces se combinan de forma letal el individualismo feroz, el consumo compulsivo, la intolerancia a la frustración, la incapacidad para perseverar y la repetición de creencias aberrantes y entonces surgen millones de personas que ya son esclavos aburridos (Ver: http://psicopedia.net/1055/sintoma-psiquiatrico-aburrimiento/)

Por toda Hispanoamérica se repite slogans como: “El verdadero cambio comienza por uno mismo”, frase que induce a muchos a pensar que con meditar y ser “mejores personas” cambiarán al mundo por “la ley de atracción” que además validan por el manejo pseudocientífico, por no decir charlatán, de la física cuántica.

Parece que en aún no nos hemos percatado que hace ya muchos años, desde el surgimiento del nazismo, se ha recurrido a toda forma de propaganda para controlar y manipular a las masas. No es que los nazis descubrieran algo tan antiguo como la propaganda, no, pero sí se dieron cuenta que era más económico, en el sentido más amplio del término, manejar a los pueblos desde el control de la superestructura ideológica, es decir dictando cómo y qué pensar, que reprimiendo y matando a los futuros soldados autómatas.

Hoy, hay una cantidad ingente de tecnologías y contenidos que ayudan a mantener el status quo a favor de una mínima parte de la población del planeta. Las clases medias se han anestesiado en los centros comerciales o entreteniéndose a cada momento y es a cada momento, sin exagerar: seguramente han visto muchos que ya no entran en contacto directo con nadie, ni dentro ni fuera de casa. Se camina con teléfonos inteligentes, se trabaja con máquinas, se tienen relaciones íntimas a través de chats y apps…, ¡pero las personas están aburridas!

A pesar de lo gris del panorama el aburrimiento puede funcionar como detonante. Porque lo que sí queda claro es que nada de lo existente parece llenar a los aburridos. Cada día hay más y ya son legiones. Quizá el aburrimiento los lleve a tocar fondo y con ello adquieran consciencia sobre su situación y den el primer paso en dirección a la acción constructiva. Quizá con la experimentación del vacío puedan y quieran dar un paso dentro de las complejidades del pensamiento riguroso y se decidan a “pensar sobre lo que piensan” y a actuar de forma social y organizada. (Ver el video deDarío Sztajnszrajber y la Posverdad : https://www.youtube.com/watch?v=BQn7EZTLhgM&feature=youtu.be)

Sí se puede construir y cambiar el mundo si se actúa dentro de una organización ciudadana que busque acabar primero y antes que nada con la corrupción y la falta de ética de quienes ostentan el poder. Sí se puede cambiar el mundo si empezamos otra vez a distinguir a quienes sí saben cómo hacer las cosas de los que sólo saben prometernos el sol y las estrellas como si tuviéramos 8 años.

Se puede cambiar el presente incidiendo en las políticas de estado, en la aplicación de la ley y siendo exigentes y perseverantes en la vigilancia permanente de quienes tienen la responsabilidad de servirnos y guiarnos. Ningún líder, partido o grupo traerá prosperidad sin una sociedad civil vigilante y dispuesta a no soportar ineptitudes y latrocinio.

También y dando un giro de 180 grados a la aseveración de “que el cambio está en uno”, hagamos el ejercicio de pensar sobre lo que pensamos, de dialogar con expertos, de escuchar a las mejores mentes de nuestra generación, a leer libros que no tengan que ver con la autoayuda y la metafísica barata.

Para variar y simplemente para templar nuestra voluntad hagamos las cosas por disciplina, con perseverancia, con fuerza de voluntad, con sentido de que el logro está en el camino mismo. Buscar la satisfacción inmediata del deseo es renunciar a la fuerza vital del deseo. Sin deseo no se puede vivir. Con la satisfacción inmediata se recurre una y otra vez a la muerte. Es en esa tensión, la que nos da el desear algo y tener que ocuparnos en lograrlo, donde se alcanzan las cimas más altas del espíritu y la mente humana.

Dejemos de utilizar la tecnología de la comunicación para incomunicarnos: refresquemos nuestro ser volviendo a hacer círculos de lectura, de cine, de música, de arte en los que tengamos que discutir de frente, sostener nuestros argumentos con nuestro raciocinio. La forma de salir de la esclavitud y del aburrimiento es vinculándonos con otros en carne y hueso. Sal hoy a tomar una cerveza o un café con tu mejor amigo, con la chica que te gusta, con tus hijos, con tus padres y discute (no te entretengas) hasta que se te caigan los dientes y no consultes tu teléfono inteligente cada 5 minutos.

América Latina no soporta más tiranos, más salvadores, más héroes autoproclamados, ni más esclavos aburridos. Nuestros países necesitan contar con una masa crítica de gente despierta, ocupada, capaz, vibrante.

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