El Origen: Manteniendo la Oscuridad

Por: Gabriela Monroy Calva



México-Tenochtitlan a 11 de mayo del 2017
. Pensar no está de moda. El rigor del pensamiento es hoy patrimonio de unos cuantos; en contraste observamos una mayoría que confunde el “diálogo interno”, repetición de clichés o creencias mágicas con pensar con rigor. (Curiosamente muchos de estos seres que se consideran “escépticos” de la ciencia convencional difunden su ideología a través de medios digitales, tecnología posible gracias a los descubrimientos de “esa” ciencia, quien por cierto no necesita de fe para ser verdadera y cierta) Esta falta de calidad en el pensamiento ha conducido a Latinoamérica a este círculo vicioso en el que se perpetúa la desigualdad, la corrupción, la violencia y la sumisión.

Porque en nuestros países latinoamericanos no hemos comprendido cabalmente que la democracia trasciende el mero ejercicio del voto, que para que esta región del planeta realmente se desarrolle, crezca y exista una sociedad más justa e igualitaria es necesario pensar con rigor y exigir cotidiana y sistemáticamente, con acciones eficaces y estratégicas, la transparencia y acción eficiente de quienes tienen el poder en sus manos.

A pensar con rigor se aprende, se aprende en la escuela ( y aunque también se aprende en la casa, en la familia o de forma autodidacta, educar ciudadanos se asume como una responsabilidad del estado) y actualmente la calidad de la educación que imparte o supervisa “el estado” es francamente ínfima: “La calidad de la educación en México ocupa uno de los últimos lugares de listado de 124 países, lo que dificulta el desarrollo de una fuerza de trabajo sana, educada y productiva, según el Reporte de Capital Humano 2015 elaborado por el Foro Económico Mundial” (*Ver: El Economista-Mex. en la cola en calidad educativa) La calidad de la educación en México nos coloca en el lugar 102 de un listado de 124 países. Los estudiantes no muestran capacidad para comprender los textos que leen, tampoco pueden resolver problemas matemáticos simples.

Sin pensamiento crítico las masas latinoamericanas son ejércitos de sumisos que obedecen aunque lo que se les mande o imponga vaya en contra de sus propios intereses. Cómo no hacerlos si se les ha enseñado que las personas “educadas” son humildes, obedecen y no se quejan ni son “negativas”.

Las mujeres y hombres que aquí habitamos nos conformamos y soñamos continuamente con mesías que nos salven de nuestra condición actual. No seamos ingenuos entonces y aceptemos que la educación libera y hace posible la creación de sociedades más igualitarias o sirve como instrumento de control social, porque la educación “implica prácticas de gobierno que producen valores sociales y relaciones de poder” como lo ha sustentado claramente Thomas Popkewitz. (*Ver: La calidad de la educación UNAM)

En Latinoamérica no seguimos líderes, no nos inspiramos por propuestas serias y comprometidas que no digan únicamente qué y a dónde dirigirnos. Buscamos salvadores sin ocuparnos de revisar el cómo lograremos esto o aquello que estos hombres y mujeres, aspirantes al poder, prometen en sus campañas y discursos y esta conducta laxa y superficial es campo fértil para dictadores de todo color y sabor. Los tiranos se alimentan de las mayorías acríticas que hoy consumen sin descanso piezas de comunicación donde el “pensamiento mágico-esotérico”, los slogans publicitarios y facilistas prevalecen sobre las verdades científicas o los hechos concretos y verdaderos.

Seguramente las consumidores de esta información-basura desconocen que los nazis fueron no sólo los padres de la propaganda moderna sino quienes re-valoraron las runas como fuente profética y adivinatoria y quienes destinaron tiempo, dinero y esfuerzo a la investigación del espiritismo y de los médiums; también fueron los nazis quienes pusieron en igualdad de condiciones la herencia de la medicina científica con las prácticas de hechicería más aberrantes. Así nació el “New Age” y su cuerpo doctrinario enajenante hasta llegar a colocar en el liderazgo mundial a presidentes que se jactan de poseer y divulgar “hechos alternativos” o gurús que aseguran que liberando de “rencores” a sus pacientes los curarán del cáncer o salvadores de países latinoamericanos que afirman, sin pudor, que acabaran en 6 años con la corrupción, simplemente porque así lo han decidido.

Pero no nos quedemos inermes ante esta situación catastrófica: los padres y los colectivos organizados podemos ayudar a los niños y jóvenes a fortalecer su pensamiento. Primero asumamos que somos corresponsables en la educación y formación de las generaciones que nos suceden y dediquemos una hora y media diaria a charlar, leer, ver una película, escuchar música o realizar cualquier otra actividad que eleve la capacidad de reflexión, análisis o crítica de quienes nos rodean. Nosotros también aprenderemos en el proceso y dejaremos de perpetuar la oscuridad.

Para comentarios, críticas y sugerencias escriban a: palabraenblanco2013@gmail.com

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