El Origen: Aquí no ha pasado nada

Por: Gabriela Monroy Calva


México-Tenochtitlan a 20 de abril del 2017,
496 años hace que Hernán Cortés conquistó la gran capital del Imperio Azteca, la ciudad acanalada de Tenochtitlan. Después de ese hecho histórico y de someter a los aztecas y otros muchos pueblos indígenas de Norteamérica, la Nueva España se fundó oficialmente el 8 de marzo de 1535. La Nueva España era un enorme reino que abarcó los territorios de España en Norteamérica, Centroamérica, Asia y Oceanía. Pronto el imperio español obtuvo victorias en el sur del continente americano y para 1860 se acuña el término Latinoamérica o Hispanoamérica con lo que se diferencia a estas tierras de las colonizadas por los anglosajones.

Hoy gran parte del mundo tiene clara la ubicación de Latinoamérica y también es sabido que en este pedazo del mundo la corrupción está instalada, que es un cáncer que nos carcome, que nos limita y no nos deja alcanzar estadios de realización y desarrollo que beneficien a la mayoría.
La tara de Latinoamérica se vincula ineludiblemente a su origen: tenemos claro que los españoles que vinieron a conquistar,  buscaban bienes, títulos nobiliarios y favores de los reyes de España, -radical diferencia con los peregrinos que colonizaron los Estados Unidos quienes buscaban construir un país propio, un país distinto a los que dejaron (no alabo el resultado)-.

En Latinoamérica los conquistadores se asumieron como una extensión del reino español y reprodujeron su sistema de creencias, propio de la Edad Media. Pronto este sistema los victimizó: Para 1560-1561 Lope de Aguirre protagoniza la primera rebelión del continente contra el Rey de España, Felipe II y se lo advierte en una carta “Avísote, Rey español, adonde cumple haya toda justicia y rectitud, para tan buenos vasallos como en estas tierras tienes, aunque yo, por no poder sufrir más la crueldades que usan estos tus oidores, Visorey y gobernadores, he salido de hecho con mis compañeros, cuyos nombres después te diré, de tu obediencia, y desnaturándonos de nuestras tierras, que es España, y hacerte en estas partes la más cruda guerra que nuestras fuerzas pudieren sustentar y sufrir…”

Los españoles trajeron a la Iglesia Católica y sus dogmas; trajeron sus luchas de poder y sus costumbres y pronto implantaron un sistema de castas: 16 castas determinadas por lo que Alejandro Lipschütz denomina “pigmentocracia”(Ver: El problema racial en la conquista de América ) es decir que la catalogación y por ende condición social del individuo, se determinaba por el color de su piel: entre más blanca, mejor.

En La Nueva España todo sumaba para justificar el vasallaje que imponía la Corona Española: el lugar del nacimiento, el si los padres estaban o no casados por la Iglesia Católica Romana y la casta “racial” que le sellaba un destino inamovible. En unos pocos años, los españoles nacidos en la península ibérica y los criollos, hijos de españoles nacidos en la Nueva España eran los dueños y señores de Latinoamérica…, comenzó entonces una lucha entre los españoles peninsulares y los criollos latinoamericanos y al mismo tiempo las castas “inferiores”, que resentían las restricciones a las que los sometían también saboteaban el sistema, mientras que muchos pueblos indios vivían replegados en sitios inaccesibles abandonados a su suerte, si acaso con algunos misioneros dedicados a evangelizarlos. (Cabe decir que hoy, muchos pueblos indios siguen en las mismas condiciones).
Y llegaron las guerras de independencia y el abandono a la Corona Española pero el idioma, la religión, las creencias y la organización social estaba introyectada y asumida. Y aunque ganaron los criollos, los opresores y los oprimidos consideraban y consideran hoy, que el orden social en Latinoamérica obedece a un decreto divino y que el premio se tiene por derecho propio si se es blanco o se conseguirá con la muerte, sino se es. Y la corrupción se considera como un “mal necesario” para obtener justicia, movilidad social, privilegios porque nunca nos planteamos construir organización social esencialmente distinta a la heredada del imperio español.

Aquí en Latinoamérica no pasa nada, no ha pasado nada: nos seguimos hundiendo y regocijando en el lodo de la corrupción, la violencia, la simulación democrática, el narcotráfico y parece que la imaginación, la planeación y la innovación nunca han formado parte de nuestro vocabulario social. Hoy el escándalo por la corrupción de Odebrecht, firma brasileña ligada a la explotación petrolera, sacude a toda Latinoamérica y a sus gobiernos de izquierda y derecha. De eso hablaremos en la próxima columna.
Nota del autor:
Esta es mi primera colaboración y espero que haya muchas más. Trabajaré para tener una columna que aborde los temas esenciales, que recorra el pasado, el presente y marque tendencias futuras. Espero con ansias su retroalimentación en: palabraenblanco2013@gmail.com.
Facebook: https://www.facebook.com/Palabraenblanco/

Fotografía: “La Conquista de México”,
Mural de Jorge Gózalez Camarena,

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